Los murmullos de los cisnes solistas, pasos descontrolados de piecezillos descalzos, la mirada fulminante de Rose y la sonrisa del pelirrojo sin nombre.
-Vete a la mierda-Le susurro.
-A tu lado siempre, nena-Masculla entre dientes y hace un movimiento típico de John Travolta. Marcha con paso absurdo mientras yo me dirijo hasta el lateral de la moqueta. Unos chicos alardean por su comentario dando palmadas sordas.
El chico despreocupado va hasta ellos y se coloca detrás de la barra, delante del espejo.
Rose me mira de nuevo y desconcertada se aclara la voz con la mano en la garganta- Introducción a escena, en primer compás; adagio-Esto última aclaración dirigida para Jack; nuestro casi jubilado y excelente pianista.
Me coloco en quinta posición, brazos pegados a la cintura en forma de "O" y con la punta de los dedos por encima de cualquier elemento amenazador.
Mientras toda la academia me mira; suspiro y aleteo con ambos brazos. Juraría que la expresión de agonía perseverante conmovería a todo aquel testigo del ensayo.
Eddie's POV
-Tío, eres un crack-Dice el inexperienciado Alexander.Mierda... es jodidamente buenísima. Lo hace todo demasiado bien. Tiene la perfección; eso que quiere todo bailarín. Me da miedo, que en la función su talento sobrepase el mío.
Se para la música, ahora, las correcciones.
-Alex, procura no mirar más de lo debido, ¿sí? que se te van los ojos-Digo amenazante sujetándole la barbilla.
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MERY'S POV
Son 6 coreografías, pero yo, solo interpreto 3. Tres
coreografías que se reducen a un tiempo inconcevible de 50 a 60 minutos.
Lo equivalente a 3 horas más los agradecimientos de productores,
ejecutores, directores, compañeros... Todo el peso ejercía encima mío. Y
no era del todo agradable.Rose estaba entusiasmada. La gira duraría 1 mes y 11 días en concreto, visitaríamos desde la ciudad más humilde y escondida de Texas hasta la lujosa Francia. Descartando por adelantado, Rusia. Actuar en el país del ballet, nunca ha sido apropiado.
Esbozo una enorme sonrisa y me pregunto donde esconder estos nervios. Me apoyo a la barra y me acomodo en los asientos de madera. Aunque, espera... esto está algo o debería decir, demasiado...¿mullido?
Me giro y le encuentro...
-¿Qué haces aqui?-Le grito al chico de los ojos verdes, sin contar con que la distancia restante era de poco más de 5 cm.
Se ríe y no suelta prenda. Me giro y no le presto importancia. Rose continua con su charla.
-Chicos, escuchad atentamente, necesito la autorización de algún padre o tutor legal, Los precios y demás apartados sobre los que debéis estar informados os lo entregará, Melissa; la recepcionista. Ya la conocéis-Rose clava la mirada a sus zapatillas desgastadísimas y prosigue-Bien, podéis iros, la clase ha terminado.
Vuelvo a suspirar porque me temo, que ni tutores legales ni dinero. Por lo tanto, no hay gira.
Intento levantarme pero sus brazos rodean mi cintura reteniéndome.
-¿A dónde piensas ir?-Susurra cerca de mi oído.
-Necesito dinero, tengo que irme-Respondo casi indignada. Me giro y adivino su confusión.
-Trabaja para mí-Su sonrisa maliciosa me estremece enormemente.
-¿De?-
-Nada, déjalo-Me da una palmadita en la espalda y noto como sus brazos desaparecen de mi cuerpo.
Me marcho triste. Lo más probable esque tenga que volver a renunciar y verdaderamente me había ilusionado en solo un día que llevaba aquí.
Canbiándome en el camerino, solo consigo defraudarme a mí misma, una vez más y contemplar ansiosa de lo que me desprendo. Vaya mierda...
Al salir del baño, encuentro la puerta entreabierta y no solo eso, además hallo una nota con un nombre en la esquina del tocador, a punto de caerse.
La agarro suavemente y leo: El chico pelirrojo tiene nombre: Eddie.
Me río silenciosamente por inconsciente. Cierro aquel papel tan absurdo como él y me percato, de que aquella pluma de tinta negra había sido utilizada más de una vez.
Aqui tienes; 67459230: llámame.
Debo leer aquellas cifras para créermelo del todo. Aunque claro estaba que releer no iba a conducir a ninguna parte.
Vaya empeño había puesto en mí este chico. ¿O... sería que se había fijado en el empeño que había puesto yo en él? Quizá eso, quizá ambas cosas... Quizá el destino estaba puesto en experimentar y dejar en el olvido las preocupaciones, qué bien sabia medio mundo que aquello era mi religión.
Entusiasmada recorro todo Central Park, apenas noto la tristeza. Ya que me he propuesto luchar. Sé que no soy fuerte. Pero luchando por algo fuerte me convertiré en ello. Porque es ley de vida.
Mantengo la esperanza de encontrar trabajo en los pocos locales céntricos y decentes. Debería saber que en pleno Londres, bien está la situación difícil pero mi propuesta es no rendirme. Eso, junto a toda mi vida, queda en un solo lugar; el solitario y triste olvido...
Reemiro carteles, ojeo los miles de escaparates y mercados en Avenue' Street que permanecen abiertos un Lunes a las 10 y media de la noche. Y agotada, me siento en un banco, sin resultados. Las esperanzas se desvanecen más rápido de lo que me imaginaba. Nadie puede ayudarme, porque no me gusta meter a los demás en mis problemas y menos para llevarme yo la victoria.
Llámame. Una única palabra me da la pista para resolver este caso de extrema importancia. Vale que no me guste pedir ayuda, pero si se la pido a alguien a quien ignoro y detesto, no debería de prestarle importancia.
Debo hacerlo. Quizá me ponga una condición por sus servicios, pero me daba absolutamente igual. Ahora, mi vida se concentraba en el ballet y todo lo que le repercutía.
Espero otros varios segundos, casi un minuto y sale el contestador por tercera vez. ¿Habrá sido capaz de jugármela e inventarse el número? De ser así se las vería conmigo. Imaginando sus hazañas, prefiero parar esta metedura de pata. Vuelvo a meter el móvil en el bolso y suspiro por décima vez consecutiva.
http://www.youtube.com/watch?v=QkMVscR5YOo
Elvis y su voz electrizante. La canción suena y suena. Apoyo la cabeza en el respaldo del banco y tarareo casi en silencio. Una anciana me indica que el móvil está sonando. Y es ahí cuando me doy cuenta de que es Eddie quién me está llamando. Descuelgo el móvil y antes de oír su voz ya estoy sonriendo.
-Vaya, pensé que nunca lo cogerías. ¿Hecho a propósito, no? Sé que me llamaste tres veces, pero aún estaba ensayando y ha sido ahora cuando he visto las llamadas. ¿Qué querías?-
-Sí, tres veces...-Repetí por inconciente. -Necesito ayuda-Grité alarmada.
-Cálmate... ya oí lo mismo antes-Insistió.-Puedo ayudarte-
-¿En qué?-El rímmel que iba descendiendo por mis mejillas tomaba un color grisáceo al llegar hasta mis labios. Recogí un par de pañuelos y sequé las absurdas lágrimas provocadas a causa de los nervios.-
-Poniéndome en tu situación... con tan poco tiempo y con tanto dinero que conseguir, yo tú iría a un buen sitio; seguro, cerca de casa a ser posible, prestaría mis servicios y ganaría una buena recompensa, es lo único que se me ocurre. No soy muy rápido para tomar decisiones-Hace una pausa y vuelve a animarme.
-¿Pretendes que me haga puta?-Le digo histérica.
-No lo pretendo, te lo aconsejo-Corrobora con la voz muy seria.
-Déjame en paz, no sé ni para que te he llamado-
-Me has llamado para que solucione tus problemas-Insiste.
-No quieres solucionarlos, quieres causarmelos-Le corrijo a punto de volver a llorar.
-¿Crees que yo podría hacer algo así?-Eddie se ofende y aunque no debiera, me siento mal.
-No lo sé..-
-Jade, descansa, no hagas caso a lo que te he dicho y ve a casa. Baila si quieres, desahógate y mañana hablaremos tranquilamente-Dice más calmado y comprensivo.
-¿Como sabes mi segundo nombre?-Pregunto asombrada más que molesta.
-¿En serio creías que no me preocupaba por tí?-Ríe tras la línea, deja de reír y continua.-Hasta mañana, princesa-
-...-

Me da igual lo que diga. Él me consuela porque él si puede realizar su sueño. En cambio... yo por nada del mundo. Debo ir. Nunca me han gustado esos sitios es más, los repelo pero, al fin de alcabo, podré bailar como streapper, es otro estilo, pero es baile... A fin de cuentas, sigue siendo un arte. Y... necesito el dinero.
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