El andén 9 siempre ha estado bastante repleto, por lo que no es novedad encontrarlo igual, de la misma manera, no me queda otra que cojerlo, prácticamente me deja al lado de mi alabada academia.
No son más de las 7 y media y ya siento que quiero echarme atrás. Jamás he sido nadie fuerte. La gente dice tanto eso, de las dos caras de la vida, yo he visto más de dos, incluso mil y aqui sigo; débil pero más fuerte que nunca.
Subo al tren y me permito echar una mirada por encima de todas esas cabezas de alternadas edades mientras estoy de puntillas. Lo sospechado, el instinto nunca me fallaba, esto estaba más lleno, que el mercado "Gringots" los domingos del mediodía.
Me coloco los auriculares y mientras me agarro de la barra con varios dedos de la mano derecha, elijo con la otra la siguiente canción de mi IPod.
http://www.youtube.com/watch?v=jUOiYKwnFO0
La delicada y formal voz de George Craig permite que me estremezca. Haciendome así, helar todos y cada uno los poros de mi piel.
Levanto la cabeza y lo veo...
Pelirrojo, bastante pálido, ojos verdes, sonrisa de medio lado y alguien totalmente despreocupado. A juzgar por su aspecto, parecía buen chico. A juzgar por mí... no se me daba bien juzgar.
Me fijo en sus particulares auriculares, blancos y bastante desgastados. Sus pies siguen un movimiento rítmico incomprensible, no comprendo adivinar que escucha.
Levántando su mirada, llega a darse cuenta de que llevo observándole un buen rato. Da un resoplido y vuelve a mirar hacia afuera.
Vaya, qué humor... Pero ¡qué físico!
Sus rizos despeinados se apoyan en la barra y cierra sus ojos, dejandome contemplar sus rubias y delicadas pestañas. Me acerco un poco más, con la excusa de bajarme en la siguiente parada, pues, resultaba ser así.
Ya justo enfrente suyo, siento algo raro. Él da un sobresalto, vuelve a mirarme por segunda vez, pero no de la misma manera.
-¿One Night Only, enserio?-Dicen sus agrietados labios mientras se despeja una oreja.
-Mmm, ¿qué?-Realmente no sé que ha dicho, ando mucho más entusiasmada mirándole. Decido ponerle fin a mi estúpido análisis y le presto la atención que se merece.
-Eso que escuchas-Por su cara comprendo que más que admiración por ella, más que nada, es odio.
-Ah, pues a mi me gusta-
-Hablas de un presente, yo no soy así-
-Tendrás excusa, me imagino-Ni por un momento soy capaz de dejar de mirarle a los ojos -A mi me encantan
-Claro que la tengo-
Vale, no sé como definir esto, pero no me cae precisamente bien...
Miro tras el cristal y apresurada me coloco ante la puerta.
-Bueno, un placer...-Ni siquiera me giro.
Él me agarra de la mochila donde guardo todo el material. Y a jurar por el estampido, algo se habría caido. Rezo que no haya sido nada importante
Me doy la vuelta y noto como se me enrojece la cara. Agachado burlándose de mí, mientras sostiene mis puntas de ballet.
-Te exijo que me las des, ahora mismo-
-¿Me lo exijes?, vaya...-Sube y pese a la rápidez del tren, cae encima mío.
-Que cómodo se está aquí-Al decir eso, me percato de que lo tengo apoyado en mi pecho. ¡Mierda!
-¡Aparta!-A pesar de mi cabreo, la semejanza con la fuerza en la que aparto a aquel peculiar chico de mí, no es ninguna.
Salgo corriendo de ese maldito tren. Tal es así, que en nada me encuentro allí.
Rose corre hacia mí y me rodea con sus cálidos brazos.
-Te echabamos de menos-
-Lo sé...-
-No vuelvas a irte-Se separa de mí y con su sonrisa pienso que realmente podría llegar a convencerme-Anda, tu camerino te está esperando, todo está como lo dejaste la última vez.-
-No puede ser- Camino apresurada hasta allí y en efecto, así era. Nada diferente, nada por lo que preocuparse. Pintalabios rojo, zapatillas, medias, mallas, kit de primeros auxilios...
Me quito el abrigo y me coloco la ropa necesaria. Aunque... espera un momento, ¿y mis puntas?
-¡Mierda!, ¡mierda!, ¡mierda!-Grito yo sola mientras golpeo con los pies descalzos la moqueta. Las puntas se las había quedado aquel niñato.
Escucho varios golpecitos tras la puerta.
-Mierda, seguro que me han oído-Susurro una vez más en alto.
Abro la puerta y ojalá esto fuera un sueño, aunque... no tiene nada que envidiarle a la realidad que se me presenta, no, la verdad esque no.
-¿¡Qué coño haces tú aqui!?-
-Eeeeeeh,
el ego lo tienes muy subido, ¿no?,
d-o-ñ-a-p-ro-t-a-g-o-n-i-s-t-a-Acentúa con cierta repugnancia, como si
fuera a escupir cada palabra pronunciada.
-¿Como lo sabes?-Mascullo entre dientes con el ceño fruncido.-Lo sé desde antes de conocerte en persona-
-¡Capullo!-Cierro la puerta y por acto inconsciente camino hasta el salón central a su lado.
-Deberías saber alg...-
-¡Cállate!, me has puesto de mal humor...-Me propongo que va a ser la última vez que le mire a los ojos de esta forma, pero él me sonríe y me hace sonreír también a mí.
-No lo parece, 105-
-¿105?-
-¿No decías que me callara?-Me rodea con su brazo pálido hasta llegar a mi pecho y allí me agarra la teta izquierda-Ves, 105. Cuando me caí encima tuyo, deduje que tu talla de sujetador sería esa-
-Veo que tienes experiencia, pero si si... no es esa, agh, te odio-
-No lo creo...-
Le miro sorprendida y con ganas de pegarle un buen cachetón, pero creo que a quien le va a caer una regañina va a ser a mí. Justo tuvo que hacerlo con más de 50 alumnos mirándonos, sin incluir a profesores y demás colaboradores...

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